3 de noviembre de 2026
La modificación del Plan General Metropolitano permitirá prohibir o limitar estos arrendamientos en determinados barrios, distritos o edificios. Los últimos datos del INCASÒL muestran, sin embargo, que el descenso del alquiler temporal no está trasladando un volumen equivalente de viviendas al mercado habitual. “Restringir una modalidad contractual no garantiza que esas viviendas pasen al alquiler habitual. También pueden venderse, destinarse al uso propio o, sencillamente, dejar de estar disponibles”, advierte el Personal Shopper Inmobiliario Iñaki Unsain. Barcelona podrá prohibir, limitar o restringir los alquileres de temporada y de habitaciones en determinados barrios, distritos o edificios. Una modificación del Plan General Metropolitano aprobada definitivamente por la Subcomisión de Urbanismo de Barcelona, integrada por la Generalitat y el Ayuntamiento, abre la puerta a aplicar estas medidas con el objetivo de preservar el uso residencial de las viviendas. La modificación redefine los usos habitual, permanente, temporal y de segunda residencia, y establece la prioridad de la vivienda habitual y permanente. En el caso del alquiler de temporada, su utilización deberá estar justificada por motivos laborales, médicos, académicos o similares. El nuevo marco pretende combatir el uso fraudulento de esta modalidad e incentivar que parte de estas viviendas regrese al mercado residencial estable. La medida llega en un momento en el que los contratos temporales ya registran una fuerte caída en Cataluña. Durante el segundo trimestre de 2026 descendieron un 40,5% interanual, con 963 firmas menos que en el mismo periodo de 2025, según los últimos datos de las fianzas depositadas en el INCASÒL. Ese retroceso, sin embargo, no ha venido acompañado de una recuperación equivalente de las nuevas contrataciones de vivienda habitual. En el conjunto del mercado catalán se formalizaron 26.449 nuevos contratos de alquiler durante el segundo trimestre de 2026, frente a los 29.311 registrados en el mismo periodo de 2024. La diferencia supone 2.862 contratos menos y una caída del 9,8% en dos años. En los municipios declarados zonas de mercado residencial tensionado, el descenso de las nuevas firmas se sitúa en el 9,3%. Para Iñaki Unsain , Personal Shopper Inmobiliario de referencia en Cataluña, los datos aconsejan distinguir entre reducir el peso del alquiler temporal y conseguir que aumente la oferta residencial estable. “Se ha dado por sentado que una parte importante de las viviendas destinadas al alquiler temporal pasaría automáticamente al alquiler habitual cuando se restringiera esta modalidad. Sin embargo, los contratos temporales han caído sin que el mercado habitual haya recuperado un volumen equivalente de operaciones”, explica el experto. Una vivienda puede dejar el alquiler sin regresar al mercado habitual La caída de los contratos temporales plantea una cuestión central: qué ocurre con las viviendas que dejan de comercializarse bajo esta modalidad. Su desaparición de las estadísticas del alquiler temporal no implica necesariamente que se incorporen a la oferta habitual. “Una vivienda que deja de ofrecerse en alquiler temporal puede ponerse a la venta, reservarse para un familiar, destinarse al uso propio o permanecer fuera del mercado mientras el propietario espera a tener más claridad regulatoria. La vivienda sigue existiendo, pero deja de estar disponible para la persona que busca alquilar ahora”, explica Iñaki Unsain. La decisión del propietario depende de elementos como la rentabilidad esperada, la protección frente a posibles impagos, la posibilidad de recuperar el inmueble en caso de incumplimiento y la estabilidad de las normas que regulan el contrato. “El pequeño propietario compara las opciones disponibles y escoge la que considera más segura. Si percibe que el alquiler habitual incorpora riesgos difíciles de gestionar o que las condiciones pueden cambiar durante la vida del contrato, no siempre aceptará una rentabilidad menor. En algunos casos optará por vender o por no alquilar”, añade. Menos rotación beneficia al inquilino actual, pero dificulta el acceso al nuevo La Generalitat atribuye parte de la reducción de las nuevas firmas a una menor rotación y no necesariamente a una disminución del parque total arrendado. Cataluña cuenta con más de 850.000 contratos de alquiler activos y, durante el segundo trimestre de 2026, registró un saldo positivo de 2.512 contratos vigentes, al producirse más altas que bajas. Para Iñaki Unsain, estas cifras son compatibles con las dificultades que encuentran quienes necesitan acceder ahora a una vivienda. “Que haya más contratos activos es positivo, pero no explica por completo la situación de quien está buscando un piso. Para esa persona, el indicador más relevante es cuántas viviendas salen al mercado cada trimestre, durante cuánto tiempo están disponibles y cuántos candidatos compiten por cada una”, afirma. Por este motivo, el experto considera que la evolución del mercado no debería valorarse únicamente mediante la renta media o el número total de contratos vigentes. “Una renta media estable pierde parte de su significado si el inquilino encuentra cada vez menos viviendas entre las que elegir”, sostiene el también director general de ACV Gestión Inmoniliaria. Controlar el fraude sin eliminar la temporalidad necesaria Iñaki Unsain coincide en que el alquiler temporal debe responder a una causa real y acreditable, y no puede utilizarse para encubrir una residencia habitual. No obstante, advierte de que esta modalidad atiende también necesidades residenciales concretas relacionadas con desplazamientos laborales, tratamientos médicos, estudios universitarios o estancias profesionales de duración determinada. “El alquiler temporal debe estar correctamente justificado y no puede utilizarse para evitar las condiciones del alquiler habitual. Pero existe una demanda temporal real que necesita una respuesta. El reto consiste en controlar los usos fraudulentos sin hacer inviable una modalidad que cumple una función para estudiantes, profesionales desplazados o personas que necesitan una vivienda durante unos meses”, argumenta. El experto considera que la futura aplicación de las restricciones por barrios, distritos o edificios deberá ir acompañada de un seguimiento específico. Ese análisis debería permitir conocer cuántos inmuebles pasan al alquiler habitual, cuántos se venden, cuántos se destinan al uso propio y cuántos desaparecen temporalmente del mercado.