30 de octubre de 2026
El presidente de Telefónica España defiende que la IA debe transformar los modelos de negocio y mejorar la productividad, con un liderazgo claro desde la dirección, una gobernanza rigurosa y las personas en el centro. · Ochoa destaca la importancia de que las empresas tengan capacidad de decisión sobre sus datos, sus operaciones y las tecnologías que utilizan. · El directivo señala la regulación, la escala empresarial y la velocidad de ejecución como factores decisivos para que Europa pueda competir en el desarrollo tecnológico. Madrid, 30 de octubre de 2026. La inteligencia artificial y la soberanía tecnológica se han convertido en dos cuestiones estratégicas para la competitividad empresarial. Esta ha sido una de las principales conclusiones de Borja Ochoa, presidente de Telefónica España, en el 8.º Congreso de Directivos APD, celebrado en Madrid en el marco del 70.º aniversario de la Asociación. Ochoa ha defendido que el impacto de la inteligencia artificial va mucho más allá de incorporar nuevas herramientas: exige revisar cómo trabajan las organizaciones, transformar sus procesos y orientar la tecnología a resultados concretos de productividad y crecimiento. En paralelo, ha destacado la importancia de que las empresas conozcan sus capacidades tecnológicas y conserven margen de decisión sobre los datos, las operaciones y las soluciones que sustentan su actividad. Durante su intervención, Ochoa ha lamentado profundamente el accidente ferroviario ocurrido esta mañana en la provincia de Toledo y ha trasladado su solidaridad y apoyo a las víctimas y a sus familias. La IA, una palanca de transformación empresarial La velocidad de evolución y adopción de la inteligencia artificial marca una diferencia respecto a anteriores revoluciones tecnológicas. Su despliegue sobre una sociedad ampliamente conectada está acelerando su impacto y abriendo nuevas oportunidades para mejorar la productividad empresarial. Para Ochoa, el reto ya no es incorporar la tecnología, sino integrarla de forma que genere ventajas competitivas reales. «La cuestión ya no es si las empresas deben incorporar la inteligencia artificial, sino si sabemos aprovecharla para transformar nuestros negocios, mejorar la productividad y generar crecimiento. La clave está en repensar los procesos, no simplemente en incorporar nuevas herramientas», ha expresado durante su intervención. A partir de la experiencia de Telefónica, el directivo ha destacado varios factores para que esta transformación tenga éxito: analizar y rediseñar los procesos, dotar a los equipos de herramientas y formación, controlar los costes y medir su relación con las eficiencias obtenidas. También ha defendido que estos programas deben contar con un liderazgo claro desde los máximos niveles de la organización y situar a las personas en el centro del cambio. La transformación tecnológica requiere, por tanto, una transformación cultural y organizativa. No basta con desplegar soluciones: es necesario que los equipos comprendan su utilidad y las incorporen a su trabajo para mejorar sus resultados. Soberanía tecnológica: capacidad de decisión y libertad de elección La soberanía tecnológica es también una cuestión de competitividad empresarial. Ochoa ha señalado que Europa tiene el reto de desarrollar capacidades propias y ampliar su participación en el valor generado por las nuevas tecnologías. Para las empresas, esto implica conocer mejor sus recursos y dependencias tecnológicas y disponer de alternativas que les permitan elegir las soluciones más adecuadas para sus necesidades. En este contexto, ha planteado tres dimensiones que las compañías deben evaluar: dónde están sus datos y quién accede a ellos; quién gestiona la operación de sus sistemas; y qué tecnologías utilizan, con qué grado de interoperabilidad y qué opciones tienen para mantener su actividad si cambian las condiciones de un proveedor. Como ha resumido el directivo, «La soberanía tecnológica no es solo una cuestión geopolítica, sino también de competitividad empresarial. Las compañías deben preguntarse dónde están sus datos, quién controla sus operaciones y hasta qué punto dependen de tecnologías de terceros. Tener capacidad de decisión sobre estos tres elementos es fundamental para garantizar la seguridad, la autonomía y la continuidad de sus negocios». Esta capacidad de decisión contribuye a reforzar la resiliencia de las organizaciones, al facilitar que puedan adaptarse a cambios tecnológicos y operativos y elegir las soluciones que mejor respondan a la criticidad de cada actividad. El enfoque es aplicable a empresas de todos los tamaños, con opciones que van desde el desarrollo de infraestructura propia hasta el acceso a capacidades tecnológicas como servicio. Ochoa también ha apuntado que los criterios de soberanía tecnológica irán adquiriendo mayor relevancia en las relaciones con las administraciones públicas y en los procesos de contratación, lo que convierte su análisis en una cuestión cada vez más relevante para las empresas y sus cadenas de valor. Europa necesita escala y velocidad para competir Ochoa ha señalado que Europa tiene margen para ampliar su participación en el valor generado por las grandes revoluciones tecnológicas y convertir el desarrollo de capacidades propias en una oportunidad de crecimiento económico. Para ello, ha identificado tres condiciones fundamentales. La primera es contar con un marco regulatorio sólido y adaptado a la realidad tecnológica y competitiva actual. La segunda es ganar escala para disponer de la capacidad de inversión necesaria, en un entorno en el que el desarrollo de tecnologías avanzadas exige grandes recursos. La tercera es acelerar la toma de decisiones y la ejecución de los planes. La velocidad resulta especialmente relevante en el ámbito de la inteligencia artificial, donde las capacidades evolucionan en cuestión de semanas. Para Ochoa, Europa debe adaptar sus ritmos de decisión y ejecución para trasladar los avances tecnológicos a mejoras de productividad y resultados económicos. El mensaje final de la conversación ha sido claro: aprovechar el potencial de la inteligencia artificial y desarrollar capacidades tecnológicas que permitan a las empresas tomar decisiones con autonomía exige visión estratégica, inversión y capacidad de ejecución. La tecnología se consolida así no solo como una herramienta de transformación, sino como un factor determinante de la competitividad empresarial y europea.