Mylène Thioux: “Un perfume puede convertirse en un auténtico ancla sensorial”

Hablar con Mylène Thioux, perfumista experta de Equivalenza, es descubrir que detrás de cada fragancia hay mucho más que una combinación de notas olfativas. Hay emoción, memoria, intuición y también una visión empresarial que ha convertido a Equivalenza en una de las marcas que mejor ha entendido cómo democratizar el universo del perfume sin perder calidad ni identidad.
Desde su nacimiento en 2011, Equivalenza ha perseguido una idea muy clara: acercar la perfumería a todo el mundo. Un concepto aparentemente sencillo, pero que en un sector muy competitivo supone un desafío constante. “El principal reto ha sido crecer sin perder nuestra esencia”, explica Thioux. Adaptarse a nuevos mercados, a consumidores más exigentes y a tendencias cada vez más cambiantes sin renunciar a la calidad ha sido parte del camino.
Pero si hay algo que apasiona a la experta es el poder emocional del perfume. Para ella, una fragancia no es solo un producto: es una experiencia sensorial capaz de quedarse grabada en la memoria durante años. “El olfato está directamente ligado al sistema límbico, donde se procesan las emociones y los recuerdos, y por eso un perfume puede convertirse en un auténtico ancla sensorial”, asegura. Quizá por eso todos tenemos un aroma que nos transporta a una persona, a un lugar o a un momento concreto de nuestra vida.
En un contexto donde las experiencias importan más que nunca, el perfume se ha convertido también en un elemento esencial en celebraciones y eventos. Bodas, graduaciones o encuentros especiales encuentran en las fragancias una forma silenciosa de reforzar recuerdos. Según Thioux, la clave está en “elegir perfumes con composiciones que tienen una buena estructura y un fondo sólido. Las notas de salida aportan la primera impresión, pero lo que realmente sostiene el perfume durante horas son las notas de corazón y, sobre todo, las de fondo. Maderas suaves, almizcles o toques ambarados ayudan a que la fragancia se mantenga estable y presente a lo largo del día, sin necesidad de reaplicar constantemente”.

No es lo mismo una boda frente al mar que una celebración de noche en un espacio cerrado. Tampoco funciona igual una fragancia intensa en un evento largo que una composición fresca y ligera. “Muchas veces se elige un perfume por el impacto inicial y no por cómo evoluciona en la piel”, comenta. Ahí es donde entra en juego el equilibrio entre creatividad y ciencia, dos mundos inseparables dentro de la perfumería.
Porque, aunque la parte artística resulta evidente, detrás de cada aroma existe también una enorme precisión técnica: formulación, estabilidad, control de calidad y coherencia internacional. La perfumería, explica, es tan emocional como científica.

En las nuevas generaciones, además, observa una clara tendencia hacia fragancias luminosas y frescas. Notas cítricas, verdes o frutales suaves se han convertido en protagonistas de una generación que busca perfumes más naturales, versátiles y menos invasivos.
Al final, todo parece resumirse en una palabra. Cuando le pedimos a Mylène Thioux que defina qué significa emprender, no duda: “Atreverse”.
Y quizá ahí esté la esencia de todo. Atreverse a crear, a emocionar y también a dejar huella.










