Tradición sin nostalgia: Solo Fortunata actualiza y devuelve el traje de chulapa a las calles de Madrid

- La nueva marca madrileña reinterpreta uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad con una mirada contemporánea: menos folclore, sin perder carácter ni identidad
Madrid, 4 de mayo de 2026.- Madrid nunca ha sentido la necesidad de exagerar su carácter. Quizá por eso conserva algo difícil de encontrar en otras capitales, una naturalidad que sigue formando parte de su identidad. En ese equilibrio entre tradición y presente nace Solo Fortunata, la marca impulsada por María Aguado Tuduri que propone devolver el vestido de chulapa a su lugar más genuino, la calle.
Hay prendas que, con el tiempo, quedan encerradas en una fecha concreta. El vestido de chulapa ha vivido durante años dentro de ese marco, asociado a celebración y tradición, muchas veces reducido a una imagen fija de sí mismo. Sin embargo, su silueta sigue teniendo una fuerza evidente: estructura, feminidad y una personalidad visual que continúa resultando actual. Ya en el siglo XIX, Ramón de Mesonero Romanos observaba que “la mujer madrileña se distingue por la viveza de su ingenio y la gracia natural de sus modales”. Y Benito Pérez Galdós dijo de su protagonista en Fortunata y Jacinta que “caminaba con paso firme y ligero, como quien sabe adónde va. Un gesto que sigue vigente, porque maneras de estar y cierta ligereza en la forma de moverse siguen perteneciendo a Madrid, incluso cuando la ciudad cambia.
De ahí nace Solo Fortunata, en respuesta a una pregunta muy concreta: por qué una prenda tan ligada al carácter madrileño ha dejado de formar parte de la calle con naturalidad. “Madrid es una ciudad con una identidad visual muy marcada, pero algunos de sus símbolos más reconocibles habían quedado en un lugar demasiado limitado. Pero el traje de chulapa conserva una fuerza estética plenamente vigente como para quedarse relegado”. Pero la respuesta no se construye desde la tendencia, sino desde una mirada íntima sobre la ciudad.
Un símbolo que pide presente
Solo Fortunata no busca reproducir una pieza del pasado ni convertir una tradición en objeto de museo. “Nuestra propuesta consiste en actualizar una silueta reconocible sin perder lo que la hace propia”, explica su fundadora, Marí Aguado Tuduri, arropada por sus hijos Jaime y Carmela en esta aventura. Así, el trabajo se concreta en decisiones muy precisas, como suavizar mangas, aligerar tejidos, revisar adornos o recuperar los colores, pero manteniendo el carácter. Porque, como defiende la marca, hay símbolos que no necesitan nostalgia, sino continuidad. Y Madrid, cuando reconoce algo como propio, siempre encuentra la forma de incorporarlo de nuevo a su vida cotidiana.
Su propia relación con la moda también define el proyecto. “A mí me gusta ir guapa, sentirme segura y estar al día, pero huyo de lo excéntrico y de llamar la atención. Creo que con la ropa también se comunica, y no me gusta que un vestido hable más de mí que yo misma”. La idea de la ropa como extensión natural de quien la lleva, no como disfraz, atraviesa toda la propuesta de la marca. El objetivo es claro: recuperar el vestido de la chulapa de la calle —la castañera, la modista, la lavandera— y sacudirle el aire de vestuario de zarzuela que a veces lo convierte en algo ajeno. “Queremos que vuelva a ser algo bonito, favorecedor y representativo, pero sobre todo que vuelva a tener sentido en el día a día”.
Un proyecto familiar con vocación de continuidad

Solo Fortunata nace desde una intuición personal, pero se desarrolla con una lógica de crecimiento orgánico y aprendizaje constante. Licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, María ha recorrido un camino profesional poco convencional: desde la docencia, tras formarse en Historia, hasta la creación de Kikuyu, una marca de puericultura ecológica que llegó a contar con más de 45 puntos de venta en España. Posteriormente trabajó en Masscob, donde incorporó una visión más técnica y estética de la moda: la importancia del patronaje, el equilibrio de colección, la paleta cromática y la relación honesta con el cliente. Durante los últimos nueve años ha trabajado en la Audiencia Provincial de Madrid, una etapa que le permitió conciliar su vida profesional con la familia, su prioridad fundamental. Esa misma lógica —equilibrio, realismo y sentido práctico— se traslada ahora a Solo Fortunata.
La marca apuesta por diseños propios, producciones limitadas y tejidos de calidad como popelines de algodón, buscando prendas frescas y ligeras. “Hemos tomado decisiones acertadas y otras equivocadas, pero eso forma parte del proceso. El camino será más fácil a partir de ahora”, reconoce. Su modelo de negocio combina la venta online como canal principal, con la intención de realizar acciones físicas puntuales. A largo plazo, el objetivo es consolidar un producto 100% español, con pequeñas cantidades de muchos modelos y un control del precio que permita que vestirse de chulapa no sea un lujo inalcanzable.
Moda consciente y comprometida

Moda consciente y comprometida
Solo Fortunata se inscribe en una corriente más amplia de recuperación de las tradiciones madrileñas, pero lo hace desde un lugar poco frecuente: sin folclore forzado, sin nostalgia impostada. Su propuesta no mira al pasado para reproducirlo, sino para prolongarlo. Porque en Madrid, cuando algo forma parte de su identidad, no desaparece; simplemente espera el momento de volver.










