“¿De qué vivirá cuando faltemos?”: la gran preocupación del 78% de las madres y padres de personas con discapacidad
En Catalunya, 544.400 hogares -el 18% del total- conviven con, al menos, una persona con discapacidad

Barcelona, 5 de mayo de 2026.- El próximo 15 de mayo se celebra el Día Internacional de las Familias. En este marco, el Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco presenta el 15º informe Discapacidad y Familia, que analiza la situación, preocupaciones y expectativas de las familias con hijos e hijas con discapacidad, con el objetivo de arrojar luz sobre los retos que afrontan y su visión de futuro, especialmente en el ámbito del empleo.
Este informe se presenta en un contexto marcado por la incertidumbre, los cambios acelerados en el mercado laboral, la automatización y las dificultades de acceso a la vivienda. Un escenario en el que algunas familias parten de una situación de especial vulnerabilidad. Entre ellas, aquellas con hijos e hijas con discapacidad, que afrontan barreras añadidas para garantizar su bienestar, su inclusión y, especialmente, su futuro.
Las conclusiones de este informe se basan en una encuesta realizada a 425 familias con hijos o hijas con discapacidad, el 10% residentes en Catalunya. De ellas, el 50% tiene discapacidad intelectual; el 30,8% psicosocial -derivada de un diagnóstico de salud mental-; el 19,3% física; el 14% sensorial y el 3,7% orgánica.
Estas son las principales:
· Casi ocho de cada diez familias temen qué ocurrirá con sus hijos e hijas cuando ellos ya no estén, ante la falta de figuras de referencia que garanticen su bienestar en el futuro.
· Esta preocupación se enmarca en un contexto de gran incertidumbre: el 57,2% de las familias no tiene claro cómo será el futuro laboral de su descendiente con discapacidad y solo el 13% cree que podrá trabajar en una empresa ordinaria.
· La falta de apoyos para la preparación laboral también preocupa a las familias. El 80% alerta sobre la falta de itinerarios formativos adaptados a las necesidades de las personas con discapacidad.
· Al contrario de lo que se presupone, muchos menores con discapacidad sí muestran motivación por trabajar en el futuro: el 58,4% expresa interés por tener una profesión cuando sea mayor y, en muchos casos, incluso manifiestan una vocación concreta.
· El 75% de las madres y padres ha tenido que realizar cambios en su trayectoria laboral para atender las necesidades de su hijo o hija con discapacidad. Entre las medidas más frecuentes: reducción de jornada (28,1%), acceso a fórmulas de flexibilidad laboral (18%), salida del empleo (16,8%) o acogimiento a la prestación CUME (12,4%).
· Las dificultades económicas forman parte del día a día de las familias. Cerca de la mitad (43,5%) reconoce encontrar algún grado de dificultad para llegar a fin de mes.
· Asimismo, el 67,3% manifiesta sentir sobrecarga mental y física para afrontar su día a día.
· Las fundaciones se consolidan como el principal apoyo para las familias con hijos con discapacidad: siete de cada diez (67,8%) asegura recibir ayuda de estas entidades, por encima incluso del apoyo familiar (63%) o del entorno educativo y sanitario.
· El Plan Familia de la Fundación Adecco constituye un elemento clave para que las familias con personas con discapacidad puedan afrontar con seguridad los retos cotidianos y planificar el futuro con confianza.
El miedo al futuro sin referentes: la gran preocupación de las familias
En Cataluña
544.400 hogares (el 18%) conviven con, al menos, una persona con discapacidad y se contabilizan
48.133 personas con discapacidad menores de 18 años, según la Base Estatal de Personas con Discapacidad del IMSERSO. Se trata de hogares que afrontan una situación de especial vulnerabilidad, al tener que responder a necesidades de apoyo más intensas y continuadas, reorganizar su vida familiar y, en muchos casos, asumir mayores costes económicos, emocionales y de conciliación.

En efecto, la llegada de un hijo o hija con discapacidad marca un antes y un después en la vida familiar. Supone afrontar una realidad inesperada que trae consigo nuevas necesidades, cambios en la organización del hogar y un proceso de aprendizaje constante.
En las primeras etapas tras el diagnóstico, las emociones predominantes suelen estar ligadas al impacto inicial de la noticia. Según los datos del presente informe, los sentimientos más frecuentes entre las familias son el
miedo (91,8%), la desorientación (83,8%) y la tristeza (66,6%),
reacciones comprensibles ante una situación que plantea interrogantes sobre el presente y el futuro. Un poco más lejos emergen también emociones como la soledad (25,6%), la incomprensión (24,2%) o el enfado (19.8%).

Según Ana Múgica, coordinadora del Plan Familia de la Fundación Adecco, estas emociones forman parte de un proceso natural de adaptación: “Sin embargo, es fundamental que no se cronifiquen ni generen un sentimiento de bloqueo o aislamiento. Cuando las familias cuentan con información clara, acompañamiento y una red de apoyo adecuada, pueden transformar la incertidumbre inicial en una actitud más segura y proactiva, lo que influye de forma muy positiva en el bienestar familiar y en el desarrollo de la persona con discapacidad”.
De hecho, con el paso del tiempo, muchas familias logran reorganizar su vida cotidiana y avanzar hacia una nueva normalidad. Sin embargo, a medida que se superan las primeras fases de impacto, pueden emerger otras preocupaciones vinculadas al largo plazo y, con el tiempo, el miedo inicial que sienten el 91,8% de las familias tiende a transformarse: el foco deja de situarse en el diagnóstico y se desplaza progresivamente hacia el futuro, especialmente hacia el largo plazo.
En concreto, emerge con fuerza la preocupación por qué ocurrirá cuando los padres ya no estén y quién garantizará el bienestar, la autonomía y la estabilidad de su hijo o hija en la vida adulta. En efecto, el 78% de las familias reconoce que su mayor preocupación, superado el impacto inicial del diagnóstico, es qué ocurrirá con su hijo o hija cuando ellos falten, especialmente ante la posibilidad de que no existan otras figuras de referencia (como abuelos, hermanos u otros familiares) que puedan acompañarle y velar por su bienestar. Este temor está estrechamente relacionado con el riesgo de aislamiento social, mencionado por el 47,8% de las familias, ya que la falta de una red de apoyo estable puede limitar las oportunidades de participación en la comunidad y la continuidad de apoyos que favorezcan una vida autónoma. A esta inquietud se suma la preocupación por la persistencia de prejuicios y barreras sociales: cerca de la mitad (43,8%) teme que su hijo pueda ser discriminado o rechazado en diferentes ámbitos de la vida.
Asimismo, un 10,4% manifiesta inquietud por el acceso a una vivienda adecuada en el futuro, que garantice a su hijo o hija con discapacidad unas condiciones de vida autónoma, segura y adaptada a sus necesidades.

El empleo, la gran incertidumbre
Las preocupaciones de las familias también se proyectan sobre el ámbito laboral, percibido como un pilar esencial para garantizar la autonomía y la inclusión social de las personas con discapacidad. Esta inquietud no es infundada:
actualmente, la tasa de actividad de las personas con discapacidad apenas alcanza el 35,4%, lo que quiere decir que el 64,6% de las que tienen edad laboral no tiene trabajo ni lo busca -un porcentaje que asciende hasta el 78,5% entre el resto de la población-. Este dato refleja las dificultades estructurales que todavía existen para acceder y participar en el mercado laboral en igualdad de condiciones, y merma las expectativas de las familias con hijos e hijas con discapacidad.

En efecto, si hay un elemento que define la percepción de las madres y padres sobre el futuro laboral de sus hijos e hijas con discapacidad es la incertidumbre. Casi seis de cada diez familias (57,2%) reconoce no tener claro cómo será su futuro profesional. Esta inquietud, en mayor o menor medida, la comparten todos los padres y madres del siglo XXI en un contexto de transformación acelerada del mercado laboral, marcado por la automatización, los cambios en las competencias o la redefinición de muchos puestos de trabajo. Sin embargo, en el caso de las personas con discapacidad, esta incertidumbre se intensifica al persistir barreras estructurales que dificultan su acceso al empleo en igualdad de condiciones.
De hecho, solo el 13,2% cree que su hijo o hija podrá trabajar en una empresa ordinaria, entendida como aquella en la que la persona con discapacidad desarrolla su actividad en igualdad de condiciones y en los mismos espacios y proyectos que el resto de la plantilla. Por su parte, un 12,2% considera que podrá acceder a un empleo con apoyo.
Resulta especialmente significativo que un
19,5% de las familias considere que su hijo o hija no podrá trabajar en el futuro, ya sea debido a un elevado grado de discapacidad o a la percepción de que el mercado laboral todavía no ofrece oportunidades reales de inclusión. Este dato pone de manifiesto la desconfianza que todavía persiste entre muchas familias, así como la sensación de que los avances logrados en los últimos años aún no son suficientes ni han llegado con la intensidad necesaria al conjunto del mercado laboral. Aunque el progreso es innegable, el futuro sigue percibiéndose como incierto, lo que refleja la necesidad de seguir consolidando oportunidades reales de inclusión.

En palabras de Fátima López, responsable del Plan Familia de la Fundación Adecco en Madrid, el empleo representa mucho más que una fuente de ingresos: “Para muchas familias, el empleo de su hijo o hija es la gran pregunta que late detrás de muchas otras preocupaciones. Cuando un padre o una madre piensa en el futuro, inevitablemente se pregunta: ¿podrá llevar una vida autónoma y normalizada? Tener un trabajo no solo significa poder mantenerse económicamente; significa sentirse útil, formar parte de la sociedad, tener relaciones, proyectos y autonomía.”
López subraya, asimismo, que el acceso al empleo tiene un impacto profundo no solo en la persona con discapacidad, sino también en su entorno familiar: “Cuando una persona con discapacidad accede a un empleo, algo cambia también en su familia. Se reduce el miedo al futuro, aumenta la tranquilidad y se abre la posibilidad de que construya su propio proyecto de vida. Por eso el empleo es tan importante: porque atraviesa todas las dimensiones de la inclusión, desde la autonomía personal hasta la participación social.”
8 de cada 10 familias echa en falta itinerarios formativos adaptados
Ante la preocupación que manifiestan las familias por el futuro laboral de sus hijos e hijas con discapacidad, el informe ha querido profundizar en algunos de los factores que condicionan sus oportunidades de empleo, analizando la percepción de las familias para identificar tanto fortalezas como debilidades en el proceso de preparación para la vida laboral.
La principal inquietud se concentra en la falta de itinerarios formativos adaptados a la persona con discapacidad: ocho de cada diez familias (80%) consideran que no existen opciones de formación suficientemente alineadas con las capacidades, intereses y vocación de su hijo o hija. Esta carencia limita de forma directa sus expectativas de acceso al empleo, ya que dificulta la adquisición de competencias ajustadas tanto a sus necesidades de apoyo como a las demandas reales del mercado laboral, reduciendo así las posibilidades de una inclusión laboral efectiva.
En la misma línea, más de la mitad de las madres y padres (52%) considera que su hijo o hija no está recibiendo el acompañamiento necesario para acceder al empleo en el futuro, lo que incrementa la sensación de inseguridad ante su vida adulta. Asimismo, el 60% duda que llegue a contar con las competencias necesarias para desenvolverse con autonomía en un futuro puesto de trabajo, mientras que un 29% teme que las empresas no dispongan de los apoyos técnicos y humanos necesarios para facilitar su inclusión.
Vocación y motivación: desmontando estereotipos sobre discapacidad y empleo
La falta de itinerarios formativos adaptados a las necesidades de las personas con discapacidad sigue siendo una de las principales carencias detectadas por las familias. Sin embargo, esta situación no responde a una ausencia de vocación o motivación por parte de las personas con discapacidad, sino a la falta de oportunidades formativas suficientemente accesibles, flexibles y alineadas con sus intereses, capacidades y proyectos profesionales.
Cabe señalar que, en algunos casos persiste la percepción de que las personas con discapacidad muestran un menor interés por el empleo o que sus aspiraciones profesionales son limitadas, pero los datos del presente informe invitan a cuestionar este planteamiento.
Lejos de esta visión, muchos menores con discapacidad manifiestan una clara inquietud por su futuro laboral y el 58,4% expresa interés por tener una profesión cuando sea mayor. En numerosos casos, además, identifican ya una vocación concreta (19%), lo que pone de relieve la importancia de generar itinerarios formativos que conecten sus intereses con oportunidades reales de desarrollo profesional.

Fátima López, responsable del Plan Familia de la Fundación Adecco en Madrid señala que, “el reto está en no limitar sus expectativas antes de tiempo. Con frecuencia, y de manera inconsciente, se condiciona su futuro al asumir que sus posibilidades son más reducidas, cuando en realidad muchas personas con discapacidad tienen vocación, motivación y mucho que aportar. Es fundamental avanzar hacia entornos educativos y laborales que escuchen más, orienten mejor y generen oportunidades reales, porque el potencial existe; lo que a menudo falta es el espacio para desarrollarlo y, en algunos casos, el acompañamiento necesario para poder recorrer ese camino con confianza”.










